Gente de bien

Sábado 24 de Abril. El día de visitar Hello Claudio, el nuevo estudio y sede de Suma Cruz. Una visita que nos hacía mucha ilusión, por todo lo que nos inspira esta mujer, por poder ver mejor cómo trabajan y porque acepta con mucho amor a perros asique Oli estaba más que invitada al plan. Como sabéis moverse por Madrid en coche no es fácil pero no vivimos en el centro y tampoco podíamos perder media mañana vagando por diferentes medios de transporte público. Tras descartar la opción de ir hasta el centro en cucaracho (sí, así se llama el escarabajo de cuatro ruedas que tiene como adorno una margarita en el salpicadero) y tras descartar coger, bus, metro, tren y cohete. Llegamos a la conclusión de que lo único lógico y factible sería hacer un mix, acercarnos en coche hasta un extremo del centro con posibilidad para aparcar y terminar el camino en metro. 

Cuando la Galga Oli decidió que no iríamos de visita al taller de Suma Cruz

¡La mañana marchaba! Hacía bueno, los pajarillos cantaban y Oli caminaba meneando su rabo de lado a lado. Conseguimos aparcar y tras un corto paseo nos adentramos en las entrañas de Madrid. Éste disponía a ser el primer viaje de Oli en metro pero como os estaréis imaginando fue el primero y seguramente el último de nuestra pequeña.

Cuando montamos en el vagón comenzó a marearse, a entrarle ansiedad y miedo, pues ella es muy asustadiza. Tratamos de salir en la siguiente parada pero ella, bloqueada por el miedo, no caminaba ni hacía ápice por mover una pata. Entonces se nos acercó una chica, de esas personas bonitas que habitan en este mundo, y muy amablemente se ofreció a ir hasta casa para volver al andén con un cuenco lleno de agua para Oli. Yo comencé a calmarme viendo que al menos íbamos a tener agua para que Oli mejorara.

Tras darle agua Oliva seguía sin querer caminar. En ese momento tuve que cogerle en brazos, aquí es cuando tenéis que visualizarme a mí, a una mujer de 1,68 con una gran galga a cuestas. Realmente no sabía muy bien a dónde dirigirme y como otro ángel caído del cielo, se nos acercó otra chica ofreciendo su ayuda guiándonos y acompañándonos hasta la clínica veterinaria más cercana.

La estampa era única, mis brazos comenzaban a flojear pero en mi mente sólo albergaba el pensamiento de resistencia para llegar hasta allí. Aunando todas mis fuerzas y con la grata compañía de esa alma caritativa conseguimos llegar al veterinario donde logramos tranquilizar a Oli.

Tras toda la mañana solucionando este "percance" no pudimos llegar a visitar el estudio de Suma Cruz, plan que seguro que haremos en cuanto vuelvan a abrir sus puertas a personajillas como nosotras. Pero lo que saqué de bueno ese día, es ver lo maravilloso que es cuando hay personas que te ven y te tienden la mano desinteresadamente al verte en apuros, y si ya hay un perro en la ecuación ¡ya ni os cuento! 

Con todo el trajín no caí en pedirles el contacto a ninguna de las dos chicas pero esta historia es, entre otras cosas, para agradecerles su ayuda. No nos cabe la menor duda de que con esos corazones la vida les traerá grandes cosas.